Las miradas se cansaron de mirarse,
Y los labios se evitaban entre sí
Y las manos huían del roce,
¿cuál fue el motivo de la soledad reinante?
La pasión desenfrenada sucumbió ante los monosílabos que se intercambiaban.
Nada era como antes,
Sabíamos que tarde o temprano todo caería,
Como las hojas en el otoño, como los párpados al anochecer.
Y como nunca, ví aquella decisión cobarde, como la única salida al martirio del abandono.