Sentada en la mesa de un bar, que ha presenciado mis mejores y peores vivencias, se escucha la canción creep de radiohead sonando en el fondo, recuerdos vienen y se van fugazmente de mi memoria. Al menos ayudan a disipar la incomodidad del silencio entre ambos. Aun no lo puedo mirar a los ojos. Trazando círculos sobre la madera con mis dedos, comienzo a recordar nuestro primer beso, el que conmocionó mi sentir, su aliento se acerca a mí. Puedo sentir su respiración, sus manos enmarcando mi rostro, guiándome hacia l y finalmente sus labios sobre los míos. Abro mis ojos, subo la mirada y el aun está ahí, distante, lejos de mí. Es como si fuéramos dos extraños en su primera cita.

El mesero se acerca y nos reconoce, así que solo hace un gesto de que ya anoto la orden.

Mientras él sigue tecleando en su celular, se nota una leve sonrisa en su rostro, desearía haberla generado yo, pero eso ya no ocurre hace mucho. Las circunstancias nos han llevado a tomar caminos diferentes, ya no tenemos esa conexión que nos hacía sentir únicos. Comienzo a recordar los días cuando caminábamos y saltábamos como dos pequeños niños creyendo que teníamos el mundo a nuestros pies. Tanto amor ahora convertido en nada. Contra la pared siento su fría alma. El café sobre la mesa, permite cierta cercanía.

Primer sorbo, recuerdo que aún lo amo, pero al mirarlo siento que nuestras almas ya no están conectadas, siento el vacio apropiándose de nuestras miradas. No está esa chispa que tuvimos tanto tiempo. Los cálidos sentimientos se han ido. Ya no tengo el poder ni el control de la situación.

Segundo sorbo, el silencio continuo se hace cada vez más presente, al menos la música calma nuestro sentir. Trato de hablar pero las palabras no salen, la tristeza llega a mi alma,  lágrimas quieren caer por mi rostro pero se congelan al tratar de salir,

Comienzo a notar que mi cuerpo se desvanece en el aire, movimientos que se evaporan con la corriente de aire, grito y nadie me oye, le grito a él, trato de pedir ayuda , pero su mirada se encuentra perdida, siento que mi corazón se acelera, los latidos suben de intensidad haciéndome sentir cada vez más desesperada, fuera de control, algo me dice que todo va mal. El corazón busca razones y la mente busca sentimientos que no se encontrarán. El café reduce su volumen, preguntas vienen y van, ¿qué está pasando? Él no me oye, no me presta atención. Sigilosamente camino a su lado, me siento a observar.

Mi presencia es invisible ante sus ojos, trato de pensar que sucedió, que es lo que ha pasado, que fue lo que me llevó a estar en esta situación, pienso, nada viene a mi mente. Mis manos se hacen humo en el aire ante mi nerviosismo, trato de tranquilizarme ante la situación que me abruma. De repente un tipo de recuerdo llega a mi visión, comienzo a revivir el instante en que todo cambió.

Caminaba por el borde de la playa con mucha calma, no sentía nada, no tenía pensamientos en mi mente, lo único que sabía era que mi vida no tenía valor. No pensaba en mi familia, no pensaba en aquel hombre que todo me dio. Al borde de las rocas, pude presenciar un hermoso atardecer, entonces supe lo que debía hacer. En la roca más elevada, con ese hermoso paisaje, mi vida terminó.

La visión esclareció todo, la inexistencia de mi cuerpo tenía una razón.

Sentada al lado de él, me acerco lentamente, lo abrazo con desesperación, le susurro, ‘el amor es para siempre. Juntos tú y yo’, una sonrisa instantánea se dibuja en su rostro. Al menos, pude despedirme. Decirle el último adiós.