A pesar de todas las sombras oscuras que invadieron nuestros sentires en aquel camino de crecimiento y maduración, nuestros corazones se vuelven a juntar como si el tiempo tratara de sanear lo que la cobardía consiguió.
Creíamos ver corazones impuros que buscaban la destrucción mutua.
Creíamos ser estrellas fugaces cuando no éramos más que pequeñas moléculas con sentimientos de superioridad.
Nunca es tarde para notar que la vida es justa, y que de los errores, las amistades se fortalecerán.